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19/3/17
Impuesto al sol en España: ¿para qué sirve el Parlamento?
Impuesto al sol en España: ¿para qué sirve el Parlamento?
Olvídense de convertir en generalizada la posibilidad de comprar paneles solares para abaratar el recibo de la luz. Para eso hay que irse a Francia o a Alemania (será porque allí hay más luces, porque desde luego no hace más sol)
eldiario.es
Somos muchos los que, a raíz de los últimos resultados electorales, confiábamos en que la mayor fragmentación del Congreso de los Diputados condujera a una legislatura donde el pacto fuera la tónica dominante. Se abría un nuevo escenario muy distinto al de las abultadas mayorías vistas con anterioridad que, en la práctica, ninguneaban permanentemente al Parlamento aplicando el rodillo del que gozaban los Gobiernos respaldados por mayorías absolutas.
Nos faltaba conocer el artículo 134.6 de la Constitución. Ese que permite al Gobierno vetar cualquier iniciativa legislativa del Parlamento cuando esta tiene impacto en los Presupuestos Generales del Estado.
Como es fácil imaginar, casi cualquier norma afecta de forma directa o indirecta a la recaudación de impuestos, por lo que el Gobierno puede hacer uso masivo de tan peculiar facultad en una suerte de secuestro permanente al Parlamento. Así ha ocurrido en más de dos decenas de proposiciones de ley en los escasos meses que llevamos de legislatura.
Cuando el Gobierno veta una propuesta, eso sí, la Cámara del Congreso puede levantar el veto y proseguir con la tramitación de la ley. Al Gobierno, en ese caso, le queda el recurso al Tribunal Constitucional, pero la ley sigue adelante. Sorprendentemente, hasta la fecha sólo una iniciativa legislativa de entre las muchas vetadas ha conseguido que la Mesa del Congreso desoiga al Gobierno y proceda con la tramitación de la ley.
El caso del denominado "impuesto al sol" es paradigmático. La práctica totalidad de la oposición, claramente mayoritaria en la Cámara Baja, ha sido capaz de ponerse de acuerdo en una redacción legal muy concreta que permitiría a quien quiera comprarse un panel solar para abaratar su factura de la luz, hacerlo sin las innumerables trabas administrativas y económicas que existen en nuestro país, el más restrictivo del mundo en lo que autoabastecimiento energético se refiere.
Cuando en enero de este año se presentó en rueda de prensa la iniciativa, todos los partidos representados en el Congreso, salvo el Partido Popular y Foro Asturias, la respaldaron.
Hace unos días el Gobierno hizo uso de su ya famosa facultad constitucional y la vetó. El informe de escasísimo rigor que utilizó para ello argumentaba, sencillamente, que quien se pusiera un panel estaría no sólo reduciendo su factura, sino también las de sus vecinos, por lo que la recaudación del impuesto especial de electricidad e IVA se verían mermadas. Lee usted bien, el problema del autoabastecimiento es que abarata la factura. Sin más.
Incluso en el escenario ficticio dibujado por el Gobierno, que sobreestima claramente el número de estos intrépidos consumidores sin aportar dato alguno que lo justifique, el impacto sobre el Presupuesto no llega ni a decimales, pero eso no importa. Tampoco lo hace que el informe olvide que la compra e instalación de paneles lleva aparejada una mayor recaudación de IVA, impuesto de sociedades, cotizaciones sociales… No hace falta que el informe para vetar una norma sea completo. Ni siquiera es recurrible ante la justicia. En nuestro ordenamiento jurídico no hay exigencia alguna de rigor para vetar una norma apoyada por la mayoría de los representantes de los ciudadanos.
Así las cosas muchos esperábamos asistir a una segunda vez en la que la Mesa del Congreso levantara el veto del Gobierno a la proposición de ley sobre autoabastecimiento eléctrico. Al fin y al cabo, el apoyo había sido prácticamente unánime en la oposición. La sorpresa surgió cuando Ciudadanos decidió respetar la facultad constitucional del Gobierno y se negó a levantar el veto como sí hicieron los representantes del PSOE y Unidos Podemos. Ciudadanos no discute la propuesta, pero sí la estrategia: prefiere negociar con el Gobierno una reforma de la ley, dado que el asunto se encuentra en el pacto que permitió la investidura de Mariano Rajoy con el apoyo del partido naranja.
El problema es que en el referido pacto se contempla el apoyo al autoabastecimiento "eficiente" y ya hemos escuchado a los representantes del Gobierno decir que para ellos la eficiencia equivale en la práctica a restringir la actividad a unos nichos muy concretos. Olvídense de convertir en generalizada la posibilidad de comprar paneles solares para abaratar el recibo de la luz. Para eso hay que irse a Francia o a Alemania. Será porque allí hay más luces, porque desde luego no hace más sol.
Lamento la decisión de Ciudadanos. He vivido otras ocasiones donde un pacto con un ministro luego queda en papel mojado, por lo que permítame que no confíe en absoluto en una negociación que, lejos de estar cerrada, ahora se pretende iniciar.
El Parlamento, a mi juicio, está para legislar y el Gobierno debe acostumbrarse a que su capacidad de acción tiene límites, precisamente los que le marca el poder legislativo. La negociación, en su caso, debe producirse durante la tramitación las leyes, no hurtando a los representantes de los ciudadanos la posibilidad de tan siquiera debatirlas. De lo contrario podríamos llegar a la conclusión de que el Congreso de los Diputados sólo sirve para nombrar Gobierno puesto que este tiene siempre la facultad de secuestrarlo, tanto si goza de mayoría absoluta como si sólo cuenta con apoyos minoritarios. Y eso, sencillamente, es inadmisible.
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10/7/15
Clamor contra el impuesto al sol
Clamor contra el impuesto al sol
Industria crispa al sector de las renovables planteando gravar la energía que consumen los hogares con paneles; hay ya más de 37.000 alegaciones
lavozdegalicia.es.-f. fernández
En su momento fueron todos unos innovadores. Ni cortos ni perezosos, montaron en sus tejados paneles solares para calentar el agua de la ducha, por ejemplo, y así ahorrar en la factura de la luz y ganar cierta independencia en el suministro eléctrico. De hecho, desde la Administración se alentó económicamente la instalación de placas e incluso en la normativa de nuevas edificaciones se estipuló como algo obligatorio. Eran los tiempos en que España quería ser un país moderno y pionero en energías renovables. Pero todo eso es pasado. El Ministerio de Industria ha elaborado un borrador de decreto con el que quiere aplicar un impuesto sobre la producción de energía de esos paneles solares que consuma el propietario. Toda una penalización al autoconsumo eléctrico. O una «burrada», en palabras de Juan Castro Gil, secretario general de la asociación nacional de productores de energía fotovoltaica (Anpier).
Esta entidad es una de las que está liderando todo un movimiento en las redes sociales y en el mundo real contra esta propuesta. Otras son la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y la Fundación Renovables, entre otras. Hace unos días acabó el plazo para presentar alegaciones al decreto y las entidades opositoras colapsaron la página web del ministerio: enviaron 37.000 alegaciones. Pero hay más organizaciones que han presentado las suyas. Y se han recogido 180.000 firmas exigiendo la retirada de la normativa.
Alertan de que este impuesto al sol, como denominan al peaje que pretende crear Industria, acabará con la energía fotovoltaica y alejará a España de los objetivos de renovables a los que la obliga la UE. Consideran, además, que el único objetivo del peaje al autoconsumo es meramente recaudatorio y asegurar más ingresos al sistema eléctrico.
La polémica ha llegado a Estados Unidos, donde alguna publkicación ha ridiculizado así la propuesta: «En España el autoconsumo y almacenamiento de energía solar es un acto más criminal que derramar residuos radiactivos».
¿Y Soria? ¿Cómo se defiende? El ministro argumenta que los que se benefician del autoconsumo contribuyan también al sostenimiento del sistema. Considera «profundamente injusto» que el resto de los consumidores tengan que pagar los costes de alguien que se alimenta de su propia electricidad y está conectado a la red para poder acceder al suministro si no produce suficiente o para poder verter a la red la energía que produce pero no consume. Ahí queda eso.
Ocurre desde hace un año, pero en el último trimestre se ha intensificado el fenómeno. Fondos de inversión están lanzando ofertas de compra sobre instalaciones fotovoltaicas a promotores en apuros económicos. Muchos de ellos no pueden decir que no y están vendiendo sus propiedades a un precio más bajo de lo que les costó la inversión. El lucense Juan Castro Gil, secretario general de la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (Anpier), es uno de los tentados por los fondos, pero no aceptó la propuesta. Explica que los compradores quieren aprovecharse de las dificultades económicas que atraviesan muchos propietarios que le deben al banco la mayor parte de la inversión y que a duras penas pueden pagar las letras mensuales. El ahogo es mayor desde el verano pasado, cuando el Gobierno decidió suprimir las primas a las energías renovables. En el caso de la fotovoltaica las sustituyó por un incentivo según la potencia instalada, que mermó hasta un 40 % la rentabilidad de las instalaciones. «El nuevo sistema retributivo nos está hundiendo», reconoce Castro Gil.
Los fondos ofrecen a los promotores comprar la instalación por la deuda contraída con el banco y la entidad a su vez aplica una quita al nuevo propietario. Un negocio redondo, según Castro Gil.
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